«Alguien a quien quiero necesita una cura»

El 28 de febrero de 2011, tras mi visita al médico, necesité la necesidad de compartir con mis seres queridos las últimas noticias que acababa de recibir. No se porque, pero en canto me puse a pensar en como iba a repercutir en mi vida la enfermedad, comenzaron a surgirme dudas de todo tipo. Entre ellas, la incertidumbre de si debería o no ir a trabajar el próximo día. Llena de lagrimas, llamé a mi compañera de trabajo para informarle de que no iría al trabajo, ni quizás, tampoco lo podría hacer durante un periodo de tiempo. Lo cierto, es que echando la vista atrás, me parece un tanto peculiar la manera  en la que reaccioné y en la que decidí actuar.

Tras esa primera toma de decisión, la parte más dura estaba todavía por llegar: dar la noticia a los familiares y amigos. Como ya os he comentado en publicaciones anteriores, en el momento de la noticia de que podía padecer cáncer estaba embarazada. La doble sensación entre la vida y la muerte la sentía muy de cerca. Pensaba sobre lo injusto de la situación. Me sentía enfadada y dominada por el miedo. MBlog post 4 - L'annonce aux autresiedo por la posibilidad de no estar ahí para mi pequeña, a quien tanto había estado esperando. Miedo por morir a los 30. Miedo a las cicatrices que podría dejarme un cáncer de cabeza y cuello –no solo las visibles, sino las psicológicas también – . Sinceramente, en ese momento no podía imaginar algo peor para mi y mi cars; la parte mas visible de todo mi cuerpo.

Ahora, casi 4 años más tarde de aquél día, soy incapaz de recordar con exactitud las reacciones de la gente que me rodea al conocer la noticia. Por ello,  para compartir con todos vosotros cuales fueron sus impresiones reales, les he pedido a algunos buenos amigos y familiares que describan con sus propias palabras que es lo que sintieron. Aquí os dejo sus palabras:

 Mi cuñada, 21 años en aquella época:

“En un primer momento, estaba preocupada y temerosa: preocupada por la salud de Magali y por la de la criatura que estaba en camino. Poco después, comencé a tener un sentimiento más arrollador sobre el futuro. “Qué va a suceder”? o más crudamente dicho; “¿Vas a sobrevivir, Magali? ¿Y la niña? Por supuesto, al pensar en el cáncer, solo veía la parte negativa y oscura de la enfermedad.

Mi hermanastra, que por aquella época tenía 26 años:

“Recuerdo el día perfectamente. Estaba en la ciudad de Lovaina, Bélgica, con algunos amigos, y mi madre me llamó para darme la noticia. Me quedé sin palabras. No me lo podía creer. No entendía que era lo que estaba sucediendo. Esa noche, con más calma, me detuve a pensar en lo que eso iba a significar para Magali, y rompí a llorar”.

Mi madre desde Canadá:

“Enterarme de que mi hija pequeña tenia cáncer supuso un golpe muy fuerte, como si el mundo se hubiese detenido. Inmediatamente, todavía aterrorizada, sentí una fuerza motivándome a reaccionar. Estaba con la adrenalina disparaba; mi mente solo funcionaba en torno a como organizarme lo mas rápido posible para recoger todo lo necesario e ir al aeropuerto para poder encontrarme con ella.Captura de pantalla 2015-01-21 a la(s) 11.38.14

Estaba convencida de que Magali y su hija iban a sobrevivir. Cada vez que mi mente daba un solo paso adelante en la posibilidad que podía existir en perder a las dos, la sacaba rápidamente de mi mente sin ofrecerle posibilidad de vuelta.”

Stephanie, una amiga:

“En un primer momento, me encontré con sentimientos encontrados: me di cuenta de que era posible albergar vida y la muerte al mismo tiempo en el mismo cuerpo. A continuación, me invadió una sensación de impotencia. Hubo un gran vacío en mí, como si estuviese siendo testigo de un horrible accidente de coche, allí, de pie, mirando la horrible escena, con ganas de pulsar el botón “STOP” para que todo aquello parase” .

Mi padre:

“Cuando Magali me dio la noticia yo estaba conduciendo, y me dije: No, no, eso no es posible . ¿Por qué ella? ¿Cómo puede suceder esto? Ella está esperando un bebé. Tenemos que parar esto ahora mismo . Pero, ¿qué puedo hacer yo? Me sentí tan impotente… Empecé a pensar en ti, Magali, como si de una niña pequeña se tratase. Nos habíamos ido a tales extremos para darle la vida perfecta… sin duda te la merecías. Este tipo de cáncer no tenía el derecho de atacarte a ti. Tenías tantas cosas para llevar a cabo, llena de proyectos familiares y profesionales. Era hora de unir todas las fuerzas, la tuya y las nuestras, de la familia y amigos, para vencer a este mal malicioso”.

La muerte, el miedo y la ansiedad. Esta es para mi la definición perfecta de cáncer. Más tarde, durante mi viaje, también he aprendido que existen otras nociones en torno a esta enfermedad: el amor , la amistad y la bondad, que pueden hacer que tus días se muestren brillantes y esperanzadores…

Por suerte, en medio de la tormenta, tuve la fortuna de tener al mejor aliado posible, mi marido Matthieu.

Magali Mertens.

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