El despertar

No hay ruido. Solo un silencio y el sonido a lo lejos de alguna máquina. Percibo que hay gente trabajando a mi alrededor. Me pregunto porque mi amiga Frédérique no seguía ahí. Hasta el último instante en que la recuerdo antes de caer dormida, juró estar conmigo en todo momento. Me siento decepcionada. De repente, me doy cuenta de que no respiro como lo hago habitualmente. No puedo mover la cabeza. Tampoco mis piernas.

OJOMe acabo de dar cuenta de que mi operación acaba de terminar. Tengo tantísimo miedo. No hay nadie a mi alrededor. Ni mi marido, ni mi madre. Me dijeron que iban a estar ahí. Entro en pánico. De repente, una enfermera aparece. No puedo hablar. Estoy entubada. Y toda mi mandíbula está llena de huesos que han cogido de mi pelvis. Mi lengua contiene parte de tejido que han extraído de mi muñeca y…ya no tengo dientes. Me encuentro en la postura perfecta de poder hablar con la enfermera. Solo pienso en preguntarle si todo ha salido bien, y saber cuando pueden llevarme de vuelta a mi habitación.

La gente ya me había advertido sobre la traqueotomía. Y me dijeron tantas cosas. Y esto me parecía tan horroroso que en cierto momento decidí no seguir escuchando ese tipo de comentarios. Escuchaba a la gente, pero eran como olas de emociones que pasaban por mi cerebro a las que no quería prestar demasiada atención. Ahora lamento no haber dedicado algo de tiempo en abrir mi diccionario.Probablemente, de haberlo hecho, habría tenido menos miedo : Traqueostomía “abertura realizada en la tráquea, en la cual se inserta un tubo o cánula para facilitar el paso del aire a los pulmones”.

Estoy inquieta. Trato de hacer señas para que la enfermera se acerque a pedirle algo donde poder escribir. Me mira seria, y de una manera seca me dice: “Por favor, señora, tranquilícese o tendré que ponerle un sedante muy fuerte”. Bueno, quizás no utilizó esas palabras concretas, pero la verdad es que cuatro años después, así es como lo recuerdo.

Me siento desesperada. Empieza a sonar un teléfono. Escucho, siempre a la misma enfermera, gritando: “Estas loco, nunca voy aceptar que baje con su bebé. En cualquier caso, todavía esta durmiendo”. Lloro, internamente. El teléfono suena de nuevo. Escucho: “No tiene sentido venir ahora, todavía no está despierta”. No soy una persona violenta, pero esta enfermera… ¡la odio! ¿Porqué tiene esta ira contra mi? Aun soy incapaz de entenderlo. Por suerte, tras este episodio, conoceré a gente excepcional, positiva, y no a personas tan inhumanas como aquella enfermera.

 Pasan en torno a dos horas, y ya siento que hay gente moviéndome de sitio. Dos auxiliares comienzan a limpiarme, incluido mis ojos, llenos de lagrimas. Lo hacen con gestos llenos de amor y respeto. Me siento verdaderamente emocionada.  Estas dos personas están preparadas para llevarme de vuelta a mi habitación. Es en ese momento, es cuando, POR FIN, se abre la puerta y veo a mi madre y a mi marido. Siento tanto alivio… Le agradezco a la vida que siga junto con mi familia y las cosas no hayan sido peores. En este preciso instante, se que todo va a ir bien.  Ahora, soy consciente de que prácticamente puedo decir que mi estancia en el hospital no ha hecho mas que empezar, exactamente como le sucede a mi camino hacia la sanación y la reeducación.

Magali Mertens

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