El día antes de la operación

Antes de mi operación, necesito pasar unos exámenes médicos importantes con los que sabremos si mi cáncer se ha expandido a mis huesos. Esto es algo que me importa mucho. Mi situación me parece horrible, así que esta información que quizás sea positiva, puede tener un buen impacto en mi. En realidad, confío en que los resultados van a ser buenos; no paro de repetírmelo a mi misma una y otra vez.

Tras los primeros rayos X, miro a mi especialista con ganas de obtener una respuesta. Él, solo observa las imágenes, pero no tardan en llegar sus primeras reacciones: “No, no parece que afecte a tus huesos”. Mi marido y yo comenzamos a llorar le la alegría. Aun así, esta no es la prueba definitiva; todavía tienen que hacerme en mis huesos una prueba completa que contiene radioactividad; no había sido posible realizármela antes ya que no era bueno hacerlo durante el embarazo. El escáner de huesos que me realizan es una prueba específica que tarda más de una hora. Una hora, durante la cual trato de visualizar mi mandíbula. Me imagino una mandíbula sana, una mandíbula sana, una mandíbula completamente sana. Por favor, Dios, mantén el cáncer fuera de mi mandíbula. ¡Por favor!

Se acerca e momento de la verdad. Me tumbo en la mesa y me introducen en un ‘tubo’ y me conectan a Captura de pantalla 2015-04-03 a la(s) 15.13.21cantidad de sensores. Sigo rezando. Rezo a Dios, a Allah, al universo entero, a quién quiera que sea quién me esté escuchando. Por favor, ¡deja mi mandíbula! Si lo haces, prometo que voy a hacer lo posible por mejorar; prometo hacer más deporte, dejar de ser tan crítica…¡lo que haga falta! Comienzo a mirar las caras de la gente que veo a mi alrededor. ¿Sienten lástima por mi? No consigo apreciar nada. “Tu medico va a contactar pronto contigo para darte los resultados”, me informan. Después, abandono la sala.

Vuelta en la sala de espera. Tengo mis niveles de stress por las nubes. Mi corazón rebota cada vez que se mueve una puerta, a la espera de ver a mi oncólogo. Por fin, aparece. Son alrededor de las 10 de la noche. “Lo siento. Tu mandíbula está afectada”, me informa. Me siento totalmente devastada.

No puedo dormir. Las enfermeras me preguntan si necesito alguna pastilla para conciliar el sueño. Voy a neonatología a darle leche y un beso a mi pequeña, que todavía está llorando. Me marcho, sin saber si voy a volver a verla. Tengo tantísimo miedo…

Las enfermeras me dan algún consejo: no ingerir ningún alimento, y dejar de beber 12 horas antes de que me realicen la intervención quirúrgica. A pesar de ello tomo algún remedio, unas algas marinas – un refuerzo para mi inmunidad, y esperanza. En ese momento me siento tan culpable que le cuento a la enfermera que me he tomado un vaso de agua. “Quizás haya que posponer la operación”, me responde.

Parece que no hay mayor inconveniente y la operación sigue programada como hasta ahora. Me toca hacerme cuatro enjuagues bucales y darme una ducha utilizando algunos productos desinfectantes. En el baño hay un espejo. Llorando, me miro la cara, quizás por última vez. ¿Quién soy?, me pregunto. Quizás nunca más vuelva a tener el mismo aspecto.

Nadie sabe el tiempo que va a durar la operación. Mi marido; mi hombre, mi amante, me promete que va a estar a mi lado cuando despierte. Una amiga anestesióloga, que trabaja en el mismo hospital y que también practica hipnosis, también va a estar conmigo durante todo el proceso. Captura de pantalla 2015-04-03 a la(s) 15.12.04

Me faltan las palabras para explicar mi situación y mis sentimientos. ¿Sobreviviré? Y si es que si, ¿cómo? La quimioterapia y la radioterapia serían las siguientes opciones. En realidad, esto no es mas que el comienzo de la historia.

El momento se acerca. Frédérique, mi amiga anestesióloga, comienza a hablarme lentamente. Me pregunta como veo el futuro en las siguientes vacaciones de Semana Santa. Le cuento que mi intención era ir al mar con la familia de mi marido. Sueño con poder ver a mi pequeña jugando en la arena. Con esta imagen en mi mente, me quedo dormida.

Magali Mertens.

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