El dolor

En el transcurso del tiempo desde que doy a luz y que le realizan la operación, tengo la oportunidad de aprovechar unos pocos días para tratar de hacer las cosas que haría en una vida ‘normal’. Quedo con unos amigos, y jugamos al juego Fatbooth, y bromeo : “Ey, justo en una semana tender ese aspecto”. No podía haber acertado mejor…tras la operación, aun tenía peor aspecto.

nature-874039_1920Mi cara está hinchada. No me reconozco a mi misma. Justo después de despertar, una multitud de de médicos vienen a mi habitación. Yo me encuentro leyendo una novela que me ha servido de inspiración para escoger el nombre de mi hija. El libro que leí por primera vez cuando tenía 13 años ‘El Palacio de las Lagrimas’ ahora no me parece que este bien escrito. Como han cambiado mis gustos en los últimos 17 años de mi vida. Miro a los médicos. Se muestran verdaderamente asombrados al verme. Tras la operación me falta menos un peroné, parte de mi mandíbula y 16 dientes. Durante este breve descanso, queda parte de mi anestesia en mi cerebro que impide que me mantenga en el mundo real?

El dolor no tarda mucho en volver. Tampoco la realidad.

No me reconozco a mi misma. Mi cara todavía permanece hinchada, muy hinchada. Nunca había podido imaginarme poder estar tan desfigurada. No me atrevo a andar por los pasillos del hospital. Comienzo a frotar mi cara cada diez minutos de una forma patética con varias cremas calmantes, con la esperanza de poder apreciar algún resultado, poniendo atención en cualquier mínimo signo de deshinchazón.

La traqueotomía me dificulta poder hablar. Me comunico gracias a la ayuda de una pequeña pizarra mágica, la que utilizaba cuando era una cría. Con mi madre, creamos un código para hacerle saber que es lo que necesito. Un dedo para la crema, dos para limpiar la mandíbula, tres para la medicación para el asma (mi asma ha reaparecido recientemente después de muchos años de no haberlo padecido), cuatro para los analgésicos, cinco para la pastilla para dormir (por las noches, estoy tan estresada, que no puedo ni dormir). Mis días y noches se limitan a ello: crema, asma, dolor, sueño…así, un día tras otro.

Mi marido es extraordinario mostrándome su amor; siempre está a mi lado. Pero no es un supe humano. Dos noches por semana vuelve a dormir a casa, a descansar un poco y poder coger energía de Nuevo. Esas noches mi madre es quien esta ahí conmigo.

Mis primeras semanas cancelo las visitas de mis amigos. Le ruego a mi hombre que ponga fin a mi sufrimiento. Trato de decírselo, pero no sale ni un solo ruido de mi boca. Siento tanto dolor…tengo la impresión de que esto no va a terminar nunca. Pierdo terreno. Estoy perdiendo mi coraje.

Continuará…

Magali Mertens

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