El primer día del resto de mi vida

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En medio de este caos, sucedió algo inesperado: la llegada de mi primera hija, algo, que deseaba con locura. Me considero una persona muy paradójica. Puedo seguir adelante alguna filosofía , mantenerme abierta a las grandes oportunidades, y además, no se porque, pero siempre he sabido que tendría a mi primer hijo cuando alrededor de los 30 años. Y por supuesto, fue tan maravilloso cuando el 17 de agosto de 2010 supe que estaba embarazada. Recuerdo perfectamente esta fecha, que es en la que me realicé el test de embarazo. Recuerdo ir a la farmacia a comprar el kit, para después realizarme la prueba en casa a escondidas de mi marido; recuerdo estar con él en la cocina, hablando de diferentes temas, esperando a que el test me diera el resultado. Esos tres minutos de espera, fueron eternos.

 Al ver que daba positive, no pude contener las lagrimas de alegría. Con todo esto, lo que pretendo explicar, es que en ciertos momentos, el cáncer no podía frenar mi felicidad. Era algo, que llevaba mucho tiempo esperando, y que nada ni nadie iba a conseguir estropear.

Existen dos tipos de mujeres embarazadas: él primer tipo son las mujeres que ven como con ternura como su vientre poco a poco comienza a tomar una forma redonda; estas mujeres ; estas mujeres echaran de menos los 9 meses simbióticos..

Por otro lado están las otras mujeres, que como yo, el proceso es un infierno, en el que prima la agonía y la espera. A veces me suele gustar este periodo con una larga Nochebuena, hasta la cual cada, de año a año, la espera parece interminable. En otras palabras, sabes que vas a recibir el regalo perfecto, pero la espera va a parecer una eternidad.

Siendo sarcástica, le di las gracias a mi cáncer ya que hubo que adelantar el parto. Es una sensación extraña cuando prepares todo una tarde, para darte cuenta de que nada va a volver a ser igual. Mi marido Matthieu y yo estábamos totalmente centrados en el ‘tema parto’. Esperamos riendo y leyendo durante la espera antes de que diese a luz. Por fin, el 15 de marzo de 2011, a las cinco y cuarto de la tarde, Theodora, “Regalo de Dios” en Griego, hizo su primer sonido.

Por desgracia, no pude disfrutar durante mucho tiempo de mi ‘burbuja de felicidad’. Al dia siguente de dar a luz, un joven asistente médico pasó por mi habitación para darme las fechas en las que sin falta, debía hacerme mis primeras pruebas. Sentí tal odio hacia él… me hubiese encantado estar sola disfrutando del momento, sin tener que escuchar ni pensar en gammagrafías óseas , radiografías, resonancia magnéticas, etc.

Fue en ese preciso instante cuando todos mis sentimientos negativos surgieron en un revoltijo de miedo, frustración , rabia e impotencia.

Miré a mi pequeña niña durmiendo en la incubadora, y yo sabía que iba a luchar para sobrevivir, no sólo para mí, sino también para ella.

Magali Mertens. 

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