Pruebas, más pruebas, e incertidumbre

Trato de entender que va a ser lo siguiente en sucederme. Aun así, no puedo recordar todos estos pasos que me había explicado mi oncólogo. Una cosa estaba clara; tenían que operarme. Una cirugía que iba a tener consecuencias estéticas evidentes: tenían que ‘tocarme’ la cara.

Por suerte, tengo un marido que no deja de mirar por mi. Conoce el significado de lo que me implica tener una cita médica, así que es él quien se encarga de apuntas esas citas. Para mí, esos son momentos de completa ansiedad. Antes de entrar a la consulta, siempre observo al resto de la gente en la sala de espera, preguntándome a mi misma cual será su diagnóstico. Trato, sin éxito, de escanear las caras de los encargados de realizar estas pruebas médicas. Pero en todas las ocasiones, siempre dan me dan por acabada la cita con un “gracias, ya hemos terminado”. De verdad, que cada vez que pronuncian esas palabras, siempre pienso en lo fácil que les resulta a ellos decir eso, cuando para mi no se trata más que del inicio.

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Con todo lo que esta sucediendo, decido informarme sobre que se trata la medicina alternativa; me viene bien saber en que consiste para valorar todas las posibilidades, pero también he de reconocer que también me encuentro con muchos charlatanes. No quiero entrar en detalle, pero en cierto momento, alguien me dice que mi cáncer “es signo de que mi cuerpo está tratando de solucionar un problema y que quizás no debería interferir en el proceso de la enfermedad”, y por tanto, debería valorar evitar mi operación. Soy frágil, en algo realmente tengo que creer, pero también tengo que mantenerme lucida. Al enfrentarme al cáncer, tengo que enfocarlo desde todos los puntos de vista, y especialmente, desde el punto de vista médico. Esa es sin duda alguna a la conclusión a la que llego tras valorar todas las posibles opciones.

Me cuesta dormir y también comer. Debido a las últimas noticias sobre mi cáncer y mi parto inducido, he perdido pierdo 3 kg. Soy una persona extrovertida y a la que le gusta hablar, pero no estoy pasando por mi mejor momento. Mi madre todavía me recuerda que cuando tan solo tenia 2 años, ya hablaba sobre el amaneces en el horizonte. Comencé a leer antes de queCaptura de pantalla 2015-03-12 a la(s) 17.13.56 lo que la mayoría lo hacen, y escribía noticias con tan solo 10 años. Mi sueño era contar historias, sentada en cojines de colores al fondo de la biblioteca. Ahora, la gente me dice que mis historias nunca va a ser las mismas; nunca. Prefiero no pensarlo mucho, así que trato de adaptarme y dejo transcurrir los acontecimientos.

No me doy cuenta de lo importante que es mi vida hasta que el cirujano nos comunica que la operación va a ser dura y que no me puede prometer nada. “De acuerdo, retiremos mi lengua pero no toquéis mi mandíbula”, les digo a los médicos al escuchar en que va a consistir la operación. No quiero ni imaginarlo…

Ya ha llegado la noche de la operación, y mis padres han venido a verme. Llevan divorciados aproximadamente 20 años; no se hablan el uno al otro, y no se entienden. Pero aquí están, cogiéndome cada uno de una mano dándome fuerza; en posición fetal sobre la cama, no puedo para de gritando “no quiero, no quiero”.

(Continuará)

Magali Mertens

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